Alojamientos para después de una catástrofe

El ecosistema que habitamos no parece ser un lugar seguro, cada cierto tiempo nos indica de una manera abrupta quien manda aquí. Y las consecuencias de esa demostración brutal nos son ofrecidas reiteradamente por los medios de comunicación a la hora del desayuno; de ahí que la fascinación por las consecuencias de la catástrofe sea una seña de identidad de la sociedad mediática.

La arquitectura no es ajena a esta fascinación: la difícil tarea de ofrecer respuestas técnicas y científicas al problema de la destrucción del hábitat en el instante inmediatamente posterior a la eclosión resulta, en ocasiones, un ejercicio banal. Los ejemplos son diversos: las universidades imparten másteres y seminarios desde donde expanden un amplio campo de conocimiento que, en la mayoría de las ocasiones, es autorreferencial y no tiene traducción práctica; las estrellas de Hollywood se dan un baño de popularidad financiando inicativas tras el huracán Katrina, mientras tratan de seducirnos con la supuesta erótica del casco blanco;  las estrellas de la arquitectura desarrollan proyectos de realojo que son altamente publicitados por los gobiernos respectivos, en un intento de contrarrestar el malestar popular y hacerse con el control de la iniciativa mediática, como es el caso de Shigeru Ban en sus diversos proyectos de alojamiento temporal tras el terremoto de Kobe en el año 1995, y la serie es infinita …

No obstante, los proyectos de Ban poseen un notable interés derivado de la íntima comprensión de la dimensión del problema y de la adecuada respuesta ofrecida en cuanto a economía de medios, facilidad de transporte, montaje y reciclaje, además de una poderosa factura icónica. Pero otros arquitectos, como los japoneses Atelier OPA tratan de seguir su estela desde un punto de vista más naif, alcanzando un resultado similar al que yo he logrado -ver ilustración del post-  tratando de persuadir a un gato hiperactivo de que no destruya el entorno en el que vive acomodadamente.

Algunos de estos proyectos presentan un problema sustancial cuando se desvisten del marketing político: resulta más fácil y económico montar tiendas de campaña y otros elementos de disponibilidad inmediata, que construir esos prototipos, por lo que todo el esfuerzo resulta en un puro ejercicio teórico sin sentido, muy propio de esta época reciente en que la sociedad financiaba sin rubor toda suerte de extravagantes edificaciones hipertrofiadas sin cometido conocido, solo por el placer de contemplarlas.

Pero, para fortuna de las víctimas de las catástrofes, un número significativo de personas trabajan desde hace décadas sin cobertura mediática, al pie de los problemas y en condiciones precarias, en la búsqueda de estrategias de organización y soluciones de alojamiento temporal que cumplan con todos los parámetros exigidos: es el caso de Oxfam y otras organizaciones que poseen una experiencia valiosísima,  muy acreditada y ensayada en condiciones reales, tal como se muestra en una iniciativa denominada Shelter project.

Y aquí es donde aparece señalada la vía para la participación de los arquitectos: la colaboración con estas organizaciones, que aportan el conocimiento de las necesidades reales (p.e. no siempre es útil la implantación de estos elementos, ya que los afectados prefieren reconstruir sus propias viviendas) y la disponibilidad de materiales, mientras los arquitectos desarrollan las soluciones técnicas. En este proyecto de Elizabeth Babister encontraréis a qué interesantes resultados conduce esta cooperación.

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