La evolución de la tipografía

El brillantísimo diseñador holandés Jelte van Abbema arrasa en todos los certámenes de diseño a los que se presenta con unas propuestas sobre tipografías “vivas” que no tienen parangón. La conjunción de una concienzuda formación en arte y diseño con un interés fomentado desde la  infancia por la observación detenida de la naturaleza, aplicada al diseño tipográfico; tiene como resultado una serie de tipografías “vivas” que evolucionan con el el paso del tiempo o la emoción con que la se escriban. Así, en el proyecto “Virtureal” presenta tipografías efímeras creadas con hojas de plantas expuestas a su proceso de degradación natural y otras recortadas en terrones de azúcar; también presenta una máquina de escribir dotada de unos sensores especiales y conectada a un monitor que escribe las letras cambiando de tamaño o forma en función del estado de ánimo con que se tecleen. El proyecto “Simbiosis” consiste en la creación de tipografías con organismos vivos, normalmente bacterias, que hacen que los caracteres se expongan a una evolución constante hasta hacerse irreconocibles. Todos estos experimentos tienen una característica común, las letras acaban desapareciendo por procesos naturales o artificiales y solo dejan tras de sí MEMORIA.

El último proyecto de este diseñador se llama Algaebra, no tiene que ver con la tipografía pero merece la pena ser descubierto en la magnífica web del artista.

(y)jeltevanabbema

Grutas

La gruta vuelve con fuerza en el portfolio contemporáneo. El controvertido y, a mi juicio, excelente proyecto de Miquel Barceló para la sede de la ONU en Ginebra, es un signo de la renacida fascinación por el modo de vida del ancestro. Ya sea como experimento vital [la cueva de Evru de la que ya se ha hablado aquí]; como argumento proyectual o como mero recurso estético. Este último aspecto es el utilizado en dos proyectos diferentes pero muy interesantes desde el punto de vista formal y propositivo: La vinoteca Merus en los valles de California  que ilustra este post; y las propuestas de “mechero mágico” de Olivier Kosta-Thefaine, artista callejero reconvetido en prestigioso interiorista que, valiéndose únicamente de un modesto encendedor, decora los techos de los templos de la modernidad europea con unas referencias más que obvias.

(y)uxus

Pioneros

Esta imagen de Elías Cueto corresponde a uno de los mejores ejemplos de arquitectura residencial de promoción privada existentes en España. La ribera del río Sarela, en Santiago de Compostela, se está poblando de una serie de intervenciones arquitectónicas de primerísimo nivel; gracias a una anomalía consistente en que un arquitecto dotado de una exquisita capacidad para la escala doméstica y el detalle minucioso se haya encontrado con un promotor y constructor de talante humanista que valora extraordinariamente el talento y la creatividad; López Cotelo y Otero Pombo llevan interviniendo varios años en este entorno, dedicados a la construcción de vivienda privada sobre instalaciones agrícolas e industriales abandonadas, mientras lidian con los problemas habituales de los pioneros:  admirados por parte de la profesión, denostados por el “stablishment” e incomprendidos por la ciudadanía. Este último factor, el más doloroso, sugiere un toque de atención a las instituciones para iniciar de una vez la tarea didáctica necesaria que permita a los que abren camino sortear los obstáculos asediados únicamente por la insana envidia que, como corresponde, despiertan.

Gracias a una invitación de la responsable del máster en Renovación Urbana de la USC, hemos podido asistir a una visita a dos de estas intervenciones, una de las cuales incluye la vivienda privada del promotor, y disfrutar de su hospitalidad y de sus explicaciones sobre esta aventura desde una línea de pensamiento muy versada, coherente y estructurada, de conocimiento imprescindible para los que amamos la arquitectura.

La próxima intervención, una aldea contemporánea, será desarrollada por dos jóvenes arquitectos: Emiliano López y Mónica Rivera, autores del fantástico Hotel Aire en Las Bárdenas Reales; estamos expectantes.

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Reinvenciones

MoutonCollet reinventa la joyería masculina con una serie figurativa basada en elementos, tradicionalmente asociados a este género, como la caza, las armas, animales diversos y una increíble colección de coleópteros, debidamente intelectualizados y fotografiados por exterface. El resultado es una campaña muy impactante, especialmente diseñada para convertir en fetichistas a los que no lo éramos.

… Y Marloes Ten Bhömer, la zapatería femenina con una técnica de laminado de la piel que ella denomina “leather-mâché” con la que logra unos acabados propios de las técnicas de manufacturado del papel y un resultado formal muy novedoso, a medio camino entre el origami y el papier-mâché, que rompe con la tradición pseudoergonómica que apuesta sin variación por la hipérbole de lo curvo.

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Sschemata

El hombre de la fotografía disfruta de una ducha en el único espacio de que dispone el refugio creado por Sschemata, la última vuelta de tuerca a la obsesión japonesa por habitar espacios diminutos, a base de camuflar los diferentes elementos en los seis planos del cubo superespecializado, plagado de agujeros mágicos. El prototipo se llama Paco y mide 3 metros en cada dimensión, que resulta enorme si se compara con otro proyecto denominado 63.02º, cuyo perfil sólo despierta desasosiego en las mentes occidentales escandalizadas porque alguien pretenda vivir en 30 metros cuadrados. Estos arquitectos destacan también por el diseño de mobiliario. Mis favoritos: Bench 2 y Long chair, donde trabajan con el mismo concepto que Díez +Díez en el banco miriápodo.

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Tomás Alonso

Londinense nacido en Vigo, Tomás Alonso ha alcanzado un nivel de refinamiento poco habitual en los diseñadores industriales españoles, generalmente imbuidos del espíritu tan patrio del “contra” más, mejor. Puede que su experiencia como diseñador de componentes de automóvil haya influido en su tendencia a crear elementos extremadamente sinceros, ejecutados con una economía de recursos que multiplica su capacidad expresiva a la vez que los convierte en iconos del diseño contemporáneo, véase sino la silla nº 7 (nube). De todos modos, el nombre del banco Whitechapel desconcierta: particularmente encuentro una sutil referencia a los “feitoaman” que triunfan en las infinitas fiestas gastronómicas del verano galaico.

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Manuel Vason

Manuel Vason ofrece una  interesante  entrevista en yatzer a propósito de sus fotografías sobre performers que trabajan con el cuerpo al límite. Recoge, desde una perspectiva más esteticista,  la tradición de artistas de los 60 y 70, que se servían de medios como la fotografía o el vídeo para dejar constancia de sus experimentos de transformación del propio cuerpo: como Orlan, que retransmitía en directo para las galerías del Soho las intervenciones quirúrgicas con las que se transformada en un ser repugnante a la vista de la sociedad burguesa, mientras  Stelarc iba un poco más lejos implantándose una oreja biónica en su brazo derecho, a la que todavía hoy intenta dotar de sensores que le permitan oir realmente. Eso por no hablar de las experiencias en el límite de la locura de Marina Abramovic, cuando permitía que los asistentes a sus performances utilizaran a su antojo con su cuerpo desnudo una serie de objetos que la artista ponía a su disposición, entre ellos una pistola cargada. Las propuestas que retrata Vason no tienen la carga conceptual de los pioneros, pero las fotografías son de una belleza desconcertante.

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Crisálidas

Ryuji Nakamura es un joven arquitecto japonés con una inusual capacidad para despojar de masa a sus evanescentes creaciones, mediante un proceso creativo enraizado en la naturaleza (cuentas de rocío en telas de araña, metamorfosis de insectos) que enlaza con otros como Kengo Kuma o Toyo Ito. Formado en el taller de Jun Aoki, en 2004 abre su propio estudio y comienza a trabajar en diversas disciplinas con un propósito de depuración máxima que tiene como resultado una serie de elementos de mobiliario y escenografía de aspecto inmaterial, realizados en papel al que aplica diversos tratamientos como la vulcanización para aportar resistencia. Estos elementos poseen siempre un único color blanco o negro puros sin matiz, a los que sólo la iluminación aporta volúmen a través de las sombras. Al entrar en su web hay dos obras de visita muy recomendable : insect cage y garden, claro que el salón de bodas personalizado de la portada tampoco está nada mal. Sus obras de arquitectura tardarán poco en llegar. Estaremos expectantes.

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Bring Carnivàle back

Ben Hawkins, un joven desvalido víctima de la gran depresión de los años 30 en EEUU, y el Hermano Justin, un carismático predicador que trata de crear junto a su hermana una iglesia para los desheredados, tienen sueños idénticos a pesar de no conocerse y vivir separados por miles de kilómetros. El primero, dotado de un don que no desea poseer, se une a un circo ambulante donde campan personajes como un mentalista ciego amante de una mujer barbuda, una familia de strippers dirigida por el padre mezquino, una joven echadora de cartas con un alter ego desasosegante, una encantadora de serpientes, dos hermanas siamesas, un hombre lagarto… dirigidos por Samson, un enano que guía las vidas de todos secundado por la extrema bondad en forma de fornido hombre cojo y que sólo rinde cuentas a la Gerencia, un ser al que nadie en el circo ha visto jamás. Estas son las coordenadas en las que se desenvuelve Carnivàle, la mejor serie de los últimos años, alguno de cuyos capítulos (como el que narra el encuentro entre los dos circos) supera la calidad de cualquier película de la última década. Escrita por Daniel Knauff y dirigida por un conjunto de talentos entre los que se encuentra Rodrigo García, muestra la lucha entre las fuerzas del bien y el mal en forma de deslumbrante género fantástico, donde todos los personajes parecen tener poderes… y los creadores también. Todo, desde la banda sonora hasta la fotografía, pasando por el metraje, el fantástico guión y la selección de actores están ahí para demostrarnos quien es el jefe de todo esto: sin duda HBO.

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El Tarzán retirado en la galería “cutting edge” (o en la escapitina)

La obra fotográfica de Miroslav Tichý, el outsider perfecto, se muestra en la galería Ivorypress muy bien contextualizada gracias a la proyección de un interesante documental-entrevista donde el artista, que no se considera fotógrafo, explica alguna de las claves que lo han convertido en carne de cañón de las galerías de arte más provocadoras. Este documental ha sido realizado por su psiquiatra, amigo de la infancia y supuesto benefactor, y ayuda a entender la ingente cantidad de fotografías que el disciplinado voyeur realizó durante toda su vida con cámaras que él mismo fabricaba con materiales de desecho (incluídas las lentes, a base de trozos de plexiglass pulidos con cenizas). El vigor de la obra de Tichý es deudor de la intencionalidad mitificadora, por parte de psiquiatras y curators, de las peripecias de un ser con una trayectoria personal fascinante y muy mediática, al modo de un personaje de Dickens contemporáneo y, por este motivo, el entrevistador se esfuerza en mostrar el lado ambiguo (“no es tan inocente como parece”), provocador (“si quieres hacer algo auténtico solo tienes que hacerlo peor que nadie”) y novelesco del hombre que sólo hacía fotografías por un placer inconfesable que le ayudaba a huir de la rutina. Quizás lo fundamental de esta historia resida en el desafío ético que supone sorprendernos observando sus ropas deshilachadas o su cabaña destartalada con la misma mirada frívola con la que devoramos un catálogo de Vivienne Westwood o Piet Hein Eek.

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